domingo, 3 de julio de 2011

Luis Alberto Spinetta: "No soy el mismo tras visitar en la clínica a Gustavo Cerati"



Una mañana del verano pasado, Luis Alberto Spinetta (61) decidió correr hasta donde su madre para mirarla, protegerla, abrazarla. Viven a un par de horas de distancia y ella, Julia Ramírez, ya enfila hacia los 90 años. Pero el ímpetu no guarda relación con la nostalgia y la lejanía. El responsable fue uno solo: Gustavo Cerati.Leer [+/-]


    Esa mañana, el "Flaco" arribó hasta la clínica donde internaron al ex Soda Stereo desde su llegada a Buenos Aires, tras sufrir su accidente cerebrovascular en Caracas, y le llevó la misma guitarra que le regaló a su hijo Dante a los 15 años. Un simbolismo. Un obsequio acompañado de otros: le cantó y le susurró un poema.

    "Yo venía de la muerte de mi viejo, que me tocó muy duro, y ahora tengo a mi viejita bastante viejita, pero lúcida y muy genia. Y como el sanatorio donde estaba Gustavo está muy cerca de donde vive mi madre, me fui a cuidarla inmediatamente. Eso fue lo que sentí. Una necesidad de abrigo y cuidado. No soy el mismo tras visitar a ese gigante dormido", dice el cantautor, al teléfono desde Buenos Aires, apuntado como uno de los héroes del rock argentino que menos alarde ha hecho en torno a su preocupación por un Cerati ya dormido. Sólo decidió incluir en sus presentaciones el tema Té para tres, de Soda Stereo, el mismo que desenfundará en sus shows el 13 y 14 de junio en el teatro Nescafé de las Artes.

    -¿Qué le generó lo sucedido con Cerati?


    Lo he visto una sola vez en el anterior sanatorio donde estuvo. Le dejé la primera guitarra que le compramos a Dante para que me la cuidara y para que fuera su compañera. El es el guardián de esta viola y está mejorando con paso lento.

    -¿Qué cambió tras visitarlo?

    Todo: darme cuenta que no tienen valor las cosas a las que uno les da importancia. Es un respeto diferente por las horas que uno vive. Al ver a este genio dormido, uno realmente no tiene derecho a estar ni de mal humor si está bien de salud. Uno debe estar dispuesto a una entrega constante, por eso me pareció tan importante correr al regazo de mi madre y poderme refugiar en ella.

    -¿Hay una reflexión en torno a la vida de los músicos?

    Es que con Gustavo no tengo noción de sus costumbres y no hemos sido tan amigos como para que yo sepa de su salud. Eso sí, siempre lo vi impecable, nunca en un estado raro. Siempre para mí fue un señor

    Cerati ha sido un vigilante silencioso de los últimos meses de Spinetta, pero hay otro ilustre que encarna el reverso: Charly García. El creador de Muchacha (ojos de papel) fue testigo y protagonista de la resurrección de su coterráneo desde 2009, cuando se subió a cantar en la reaparición masiva de García en Argentina, con un show en el estadio de Velez Sarsfield azotado por una lluvia implacable.

    Spinetta sigue: "Charly está en una etapa muy buena, de reconstitución de las ideas. Ahora podemos conversar y tocar. Es un Charly mucho más lindo que el Charly absolutamente intratable de ciertas épocas. Siempre el mismo genio, pero ahora más incorporado al abrazo, a lo cotidiano y a la charla. Es un milagro muy lindo lo que ha sucedido con su vida".

    Ni tan padre

    Casi como una histórica devuelta de mano, el autor de No me dejan salir asistió a un reencuentro del propio Spinetta: su nuevo abrazo con los escenarios multitudinarios y con su historia. En diciembre de 2009, el artista dio su show más memorable de la última década, cuando celebró sus 60 años de vida y sus 40 de carrera en un concierto colosal que acumuló 50 temas, 37 mil seguidores y cinco horas de duración. Ahí aparecieron García y otros insignes, como Fito Páez, Ricardo Mollo y el propio Cerati, estableciendo el indiscutido rol de mentor del rock argentino que cae sobre Spinetta. Aunque él modera: "Todo padre es hijo y todo hijo es padre. Acá no tenemos problemas con el paternalismo"

    Un año después cruzó la cordillera y llegó hasta el El abrazo, evento chileno-argentino que juntó a 70 mil personas en el Parque O'Higgins. "Lo del Abrazo me recuerda un escenario gigante, pero que me dejó con la sensación que a la gente en Chile le encantan mis shows. Sólo acepté porque era fuera de Argentina y en condiciones que nunca más se repetirán: muchos artistas en un solo sitio. Tenía muchos elementos que me alejaban de mi fobia por lo multitudinario", explica el "Flaco".

    La debilidad de Spinetta por los sitios de convocatoria limitada redunda en otro clásico: desterrar de sus conciertos parte de sus himnos para privilegiar sus apuestas más actuales. El ejercicio ha provocado que durante años fans de vieja guardia saboteen sus presentaciones con peticiones a grito limpio ("nada que me intranquilice", acota), recibiendo la indiferencia de un artista que no cede a las súplicas de su hinchada. Más que distancia con su faz más reconocible, el cantautor siempre ha contado con un presente de alto vuelo, capaz de alimentar un espectáculo completo, lo que lo confirma como el rockero latino que mejor ha envejecido.

    Ni piensa en la jubilación: "No, porque ya estoy preparando dos discos juntos ". De hecho, sus shows en Santiago se concentrarán en sus dos últimos títulos, Pan (2006) y Un mañana (2008), los que la crítica especializada ha acercado al jazz rock. "Eso es porque nunca han podido clasificarme. Si dicen que son jazz rock, es porque alguien está aburrido, no sabe qué decir y sale con una bobería. Lo mío es música fusionera y real", define, y agrega que en su banda también trae a su hija, la corista Vera Spinetta. "Ella es una bendición", remata.

    Fuente:Claudio Vergara para latercera.com

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