lunes, 21 de abril de 2008

Con Soda queríamos ver si la magia era posible


El bajista de Soda Stereo nos habla de la reunión, de la relación con sus compañeros, de su experiencia en Catupecu y de todos sus proyectos.Exclusivo para 10musica.

A pocos meses de la desaparición de su grupo, allá por en septiembre de 1997, Zeta Bosio se confesaba diciendo que iba a ser un Soda Stereo toda su vida. Este pensamiento arrastraba dos lecturas. La primera estaba vinculada a un sentimiento de resignación: el bajista sabía perfectamente que algo se había roto y no tenía vuelta atrás. La segunda sensación que brotaba de sus palabras era que nada ni nadie iba a poder borrar aquel pasado glorioso, y que esa manta iba a cobijarlo para siempre.

Y, más o menos, así fue. Pasaban los años, Soda Stereo no volvía y Zeta salía de foco para sentarse en la mesa directiva de la multinacional Sony Music, creaba un semillero de nuevos valores (Proyecto Under) y linkeaba ambas actividades en el compilado Gen 00, un muestreo de 28 artistas distribuidos en cuatro discos rotulados bajo estilos como Pop, Funk, Rock y Vanguardia.

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Cuando la crisis de diciembre del 2001 echó por tierra cualquier intención de negocio a largo plazo, Zeta regresó al llano para tomar envión y lanzar su sello propio (Alerta Discos). Además de plantar la semilla de RockRoad, la propuesta más interesante y personal que ofreció la televisión criolla durante los últimos años. A ello se le podría sumar el paso como bajista de Catupecu Machu y el ingreso a las ligas mayores del dance con las ropas de Dj.

Todo este resumen nos transporta al presente. Finalmente, Soda Stereo volvió y provocó una revolución. A pocos meses del temblor, Zeta Bosio usurpa la oficina de su mano derecha y socio (Marcelo Carballar) para hacer un balance de todo lo que peregrinó en la última década. Relajado y con un mate amargo en la mano, el músico conversa en exclusiva con 10Música.

De niño, cuando recién empezabas a tocar, ¿imaginaste que ibas a conducir un programa de televisión?

¡Imaginé tantas cosas en la vida!… Soñé con ser jugador de fútbol, también (risas) Pero el día que escuché a los Beatles y vi tocar música eléctrica, me generó una fascinación que me pegó en un lugar donde no pude dejar de pensar en otra cosa y se convirtió en una obsesión, que sigo teniendo aún. En cuanto a la pregunta puntual, no sé si soy un conductor. Quizá en la radio haya desarrollado mucho más esa faceta. En RockRoad busqué ser yo, y soy el mismo que aparece en el DVD de Soda Una Parte de La Euforia, donde si lo ves, tengo un rol muy parecido al del programa. Ahí, está mi génesis como conductor. Soy yo de gira: una persona que se quiere divertir y trata de divertir a los demás… Es como un personaje, un payaso que siempre armaba cuando se encendía una cámara y que utilizaba para distender y buscar armonía.

Luego de la separación de Soda en 1997, encaraste varios proyectos. Sin embargo, te paralizó el temor a no poder superar o igualar siquiera lo que había provocado tu ex banda. ¿Alguna vez te sentiste frustrado?

Sí, es verdad… Yo sabía que cualquier cosa que hiciera iba a ser juzgada con el parámetro de mi ex banda, y eso era algo que de movida me achicaba. Soda fue una cosa que ocurrió espontáneamente y por la necesidad de juntarnos y de querer estar juntos. Cuando me quedé sin Soda, esa imposibilidad me hizo armar Proyecto Under y entrar a Sony para, de alguna forma, poder estar conectado con los artistas y, en el camino, compartir sus sueños.
Entonces, ¿tomar el bajo de Catupecu Machu fue una buena manera de sacarte esa presión?

Bueno, eso tiene que ver con la pregunta anterior. La frustración que tengo está vinculada al hecho de hacer algo muy bien y no encontrar el espacio para hacerlo con continuidad, que es tocar el bajo en una banda. Para mi, como músico y bajista, la oportunidad que me dieron los Catupecu fue inolvidable. Fue una experiencia fantástica tocar para un público que no acepta cualquier cosa y, sin embargo, me aceptó. También, fue la oportunidad de poder ayudar a un grupo de amigos, quienes eran grandes admiradores de la carrera de Soda. Además, Gaby (Ruiz Díaz) era un gran estudioso de las estructuras que tenían los temas de Soda. Ellos son una banda de rock con letras mayúsculas. Además, son un grupo humano buenísimo, y ni hablar de Fernando (Ruiz Díaz) que es un frontman único en el mundo. Fue la banda más punk con la que toqué en mi vida.
¿Cómo viviste esas semanas donde se resolvió el regreso de Soda Stereo? ¿Estabas confiado de que iban a poder recuperar esa magia que supieron tener?

La sensación de que uno siempre forma parte de algo que la gente se encarga de seguir manteniendo vivo, te hace sentir que seguís siendo eso. El desafío más grande de todo eso, lo que fuimos a buscar todos, era revivir esos instantes que nos había dado Soda. Todos sabíamos de que estábamos hablando, pero no si lo íbamos a poder hacer. A la luz de los acontecimientos, me alegro mucho de haberlo hecho. No sólo tuvimos la oportunidad de volver a vivir situaciones del pasado, sino que fue amplificado con una lupa. Prácticamente, como si nunca hubiésemos dejado de tocar y hubiéramos cosechado éxitos durante todo este tiempo. La necesidad que había en la gente de que Soda volviese era muy grande. Es muy difícil pasar de generación en generación como lo hicimos nosotros y que te acepten. Logramos en los chicos la misma magia que generamos en sus padres. Si antes decía que “nunca iba a dejar de ser un Soda Stereo” con resignación y sabiendo que nunca iba a poder superar eso, hoy digo lo mismo pero con orgullo.
Sinceramente, ¿siempre tuviste la certeza de que la relación entre ustedes tres se iba a recomponer?

Yo siempre fui muy reacio a creer que la relación entre nosotros se iba a recomponer. La realidad de que no nos hablamos durante diez años, estaba ahí. En aquel momento, nuestra relación había quedado prácticamente sellada e irreparable. Sin embargo, el tiempo te hace ver las cosas de otra forma. Hoy en día, sabemos que no vamos a poder cambiar al otro ni influir sobre el otro. Esa fue la gran maduración que tuvimos en estos últimos diez años: aceptarnos tal cual como somos.
El hecho de que en este regreso no haya existido la idea de hacer un disco nuevo, ¿ayudó a no resucitar viejas rencillas vinculadas al armado de los temas, derechos de autor y demás?

Lo que pasa es que nosotros sufrimos mucho los discos. Los procesos creativos de los discos de Soda son angustiantes, porque se genera una expectativa enorme y se espera un golpe de efecto. Del lado de adentro, eso se vivía siempre con mucho stress. Además, me parece que no hubo tiempo para pensar en un disco. Hubiéramos necesitado un año más, quizá. En definitiva, queríamos probar si la magia todavía era posible. Hoy, nos vamos con la convicción de que está intacta y que se agrandó. Eso será un fundamental para que, en algún momento, nos volvamos a motivar. Sin la presión de tener que estar produciendo, hoy en día nos llevamos bien y podemos seguir sintiendo que tenemos una banda que es poderosa. Mientras tengamos esa sensación, seguramente vamos a poder dar más pasos en algún sentido.

¿Cuál es la mejor postal que te guardas de esa burbuja en el tiempo?

Eso: que hayamos recuperado la magia, algo tan difícil de lograr. Que se haya podido revivir todo, que no haya sido una experiencia frustrante, que hayamos podido demostrar que Soda seguía vivo y que la gente nos haya dado el visto bueno… Eso es lo que me llevo de todo lo que pasó.
Si fueras director y tendrías que hacer la película de Soda Stereo, ¿hoy qué título caería antes de los créditos: “Fin” o “Continuará”?

¡Continuará! Ya no hay que demostrar nada. Yo tengo una banda y es Soda Stereo, un grupo que existe y es maravilloso.

Fuente: Gustavo Bove para 10musica.com

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