lunes, 30 de noviembre de 2009

Gustavo Cerati, feliz profundidad



Llegó a los 50 y asegura sentirse pleno. Dice que el disco “Fuerza natural” retrata esa situación y que las crisis de edad son rollos culturales.
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    Gustavo Cerati está en un hotel de México DF gozando de la plenitud post siesta. Se lleva a la oreja su celular y la primera impresión es que está predispuesto. Se dan las condiciones, entonces, para que se explaye sobre Fuerza natural, su nuevo disco, sus recientes 50 y el temor de llegar a esa instancia de la vida conocida como tercera edad.

    A este genio, a esta estrella, uno siempre se lo imagina en la cúpula, pero el que se expresa al móvil es de lo más amable y fluido.

    Si hay algo que destaca a Fuerza natural es su contextura folk. ¿Un disco folk? Las críticas fundamentaron el movimiento de modos disímiles. Algunas dijeron que Cerati apeló al género porque es cool; otras, que éste tiene relación con su formación como músico. Y el mismo Gustavo toma distancia de ambas posiciones: “Quizá, reducirlo a un estilo no sea tan acertado. Hay aires folk, en todo caso. El disco tiene acústicas y ciertas referencias en esa senda, pero también cosas de otra naturaleza como Rapto, He visto a Lucy, Déja vu. Y esos aires folk, en realidad, no dejan de ser las mismas cosas que hacía antes pero con otra visión”.

    - Entonces, no vas a salir vestido de cowboy.

    - No, sería demasiado obvio. Pero sí tenía ganas de usar de dobro, del slide guitar, del pedal steel, y no salir a tocar violas distorsionadas solamente. Ojo, violas al palo también hay, tanto en el show como el disco. Necesitaba un aspecto refrescante y con las acústicas lo conseguí.

    - ¿Es "Fuerza natural" un eslabón más de una cadena folklórica personal? Lo planteo porque te formaste con la criolla, compusiste un carnavalito, colaboraste con Leda Valladares, hiciste un dueto con Mercedes Sosa.

    - Lo que funciona como nexo es un tema como Cactus. No es una chacarera, pero tiene que ver con eso. Según como lo veo, con el folklore me pasa lo que con el blues, es un género que se ha mantenido más o menos visible en mis discos. Antes de tener mi primera viola eléctrica, la criolla fue mi fiel compañera. Ya era guitarrista antes de tener mi primer pedal de distorsión. Es más visible en esta parte porque me enfoqué en la interpretación, en el poder de la interpretación vocal. Quise que lo más emocionante fuera lo que pudiera conseguir desde lo vocal, no ampararme tanto en el power rock.

    - Cantás abiertamente "Nunca me sentí tan bien". Se supone que con los 50 llega una crisis superior a la de los 40.

    - Es lindo poder enunciar esa frase. Muchas veces uno intenta ser creativo y para ello se exprime de manera emocional. Y aun cuando no lo vive, se inventa una situación de melancolía, de presión, de dolor. Parece que el dolor es mejor motor de la creatividad. En este etapa de mi vida, el desafío pasó por crear algo desde un lugar de disfrute y, al mismo tiempo, no perder profundidad. No estoy en contra de lo frívolo por lo frívolo en sí. Lo que estoy diciendo es tan profundo como clavarme un puñal. Es doblemente valioso, para mí, poder escribir sin crearme un ambiente de insatisfacción. No quiero decir que estoy "viva la pepa". La verdad es que estoy disfrutando mucho, y todo eso de la crisis no sé por dónde irá. A veces pienso si no son imposiciones surgidas por cuestiones culturales.

    - El corte se llama "Déja vu”.¿Experimentaste la sensación de que te repitías?

    - Uno se encuentra con ciertos patrones que se han convertido en clisés. Trato de sacármelos de encima, pero no es fácil, porque hablamos de estructuras en la forma de composición. Y son tan fuertes esas estructuras, que aparecen ante cualquier instrumento que tengas a mano, la guitarra, la computadora. La canción siempre se escribe sola por tus manierismos. Una canción sale tan rápido que es sospechosa. Es lo que pienso de los hits, de los temas que resuenan en uno de esa forma. No reconozco con esto que una canción mía sea igual o parecida a otra. Pero todos tenemos déja vu. Titulé así sabiendo que ha sido una expresión súper usada, lo que refuerza aún más la idea. También resulta de una mirada hacia un mundo que está ahí, que es esotérico, y que se nos presenta en la vida cotidiana. Es lo que ocurre con la magia de la música... Sale de nosotros, pero... ¿realmente sale de nosotros? ¿O sólo somos vehículos? De eso habla no sólo Déja vu sino varias canciones del disco.

    - En "Tracción a sangre" confesás perseguir una melodía. Antes la pregunta era sobre la repetición, ahora sobre la sequía creativa. ¿La sufriste?

    - Por supuesto. No pienso que soy artista todo el tiempo. Hay momentos en los que las cosas fluyen y otros en los que no. Hay que saber aprovechar los vientos a favor. Yo hago una gimnasia musical de hacer cosas, de colaborar con terceros. No siempre lo que hacés vale la pena. Mis discos, en definitiva, es lo que vale la pena entre todo lo que no vale la pena.

    - "Fuerza natural" se publicó en días complicados. Fueron los del fallo de Cromañón, los de la pelea de Los Redondos, los de la vuelta de Charly. ¿Te cabe el rol de opinólogo o lo ejercés con resignación?

    - Es aburrido para el entrevistador hablar siempre de lo mismo. Está bien. Pero si en una nota le das más espacio a algo exógeno, me parece una falta de respeto. Con Los Redondos no tengo ningún problema, pero no es algo que me compete y la verdad es que no me gusta opinar cosas que sólo generan una corriente contraria que no tiene razón de ser. Si estoy presentando un disco, ponete las pilas periodista y preguntame cosas al respecto. A veces no son los cronistas sino los editores, que eligen lo más shockeante de lo que hablaste. No me preocupa. Fuerza natural está siendo bien recibido y tiene una energía que va más allá de lo que pueda decir. Tampoco es un problema ponerse a opinar, insisto.

    - El tema inevitable es Soda Stereo. Paso la pregunta obvia pero me interesa saber si "Fuerza natural" es una reacción al fulgor de la gira, a los megavatios de expectativa.

    - No me resulta incómodo hablar de Soda. Pero si entiendo como anacrónico que me pregunten si Soda va a volver porque Soda no va a volver. Entiendo lo que decís, pero no debe leerse que el disco resultó por una necesidad explícita de reaccionar. Porque fui feliz volviendo con Soda. Fuerza natural resultó... natural. Podría haber sido el disco de Soda si hubiera resuelto seguir. Si hay una dialéctica en relación a lo que hice antes, no es consciente.


    - A los Duran Duran les pregunté si temían envejecer y se enojaron. Bueno, es tu turno y podés reaccionar como quieras.


    - Sólo pienso en enfocarme en algunos aspectos en los que antes no me enfocaba. Soy una persona que no reconoce tener menos energías que cuando tenía 20, pero el físico es el físico. No me pongo en la actitud de hacer todo lo posible para no envejecer. Voy a hacer todo lo posible para pasarla bien. Me acompañan un montón de factores, salud y el cariño de gente cercana, el amor de mucha gente. Es ridículo hacer tanta fuerza contraria contra el paso del tiempo. El paso del tiempo te da un plus que el pasado nunca te pudo entregar.


    Ver a Lucy

    - El disco cierra con "He visto a Lucy", que es la del "cielo con diamantes", y en la banda tenés a Richard Coleman, de L7D. Es todo muy lisérgico, volado.

    - He visto a Lucy arrancó aludiendo a una estructura beatlera. Fue un título de trabajo... Porque las canciones tienen un título antes de tener la letra, que es el título de trabajo. Y rara vez resulta como el título definitivo. En el caso de He visto a Lucy se lo dejé y escribí algo compatible. Es un juego de palabras en el que la lisergia está ahí "he visto a Lucy" y "alucinar". Ese tipo de cosas... Las luces en la frente.

    - Y está la circunstancia de que editaste en vinilo. En los ‘70, algunos arriesgaban y daban mucho más de lo aparente en los cartones.


    - ¿Cartón para chupar? Hubiera sido bueno, pero tendríamos problemas con la industria discográfica por los costos y con la otra industria, la del Estado, por cuestiones legales (ríe).


    Fuente:Germán Arrascaeta para La Voz

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