domingo, 6 de septiembre de 2009

De la fuerza natural se nutre Cerati


Sonymusic

Nunca como ahora, Gustavo Cerati fue tan libre. Solo desprendiéndose de sus propios parámetros es que logró crear Fuerza natural , disco nacido del deseo de escapar a mundos imaginarios, desiertos o galaxias donde se está mejor

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    “Tal vez parece que me pierdo en el camino, pero me guía la intuición. Nada me importa más que hacer el recorrido, más que saber adónde voy”.

    Clave más precisa no podía haber puesto Gustavo Cerati como esta, que se encuentra encerrada en el primer verso de Magia , la canción número tres de su nuevo disco Fuerza natural . Este es el quinto álbum de estudio en una carrera que comenzó el argentino mucho antes de que se deshiciera Soda Stereo –su cielo e infierno, su cal y arena–.

    Cerati no despotrica nunca contra Soda, solo se le agudiza el nervio cuando insisten en preguntarle por la que es una de las bandas más famosas del rock en español. ¡Como si no estuviese lo suficientemente claro que la Stereo... ¡ya fue!

    El Cerati de Fuerza natural está a años luz de lo arado con Soda y a años luz de lo que escribió para sí mismo hace ya un poco más de 12 años atrás.

    Cada una de las 13 canciones, más el epílogo –que es # –, arman una crónica de viaje de la Tierra ( Fuerza natural ) al más allá ( Convoy ); una bitácora de imágenes que no necesitan llegar a ninguna parte porque son destinos en sí mismas, porque son su propia historia.

    Guitarras acústicas, mandolinas, dobro y lap steel ; un abanico de lenguajes que van desde el folk y el power pop hasta el rock sesentero y el new wave : eso arma este disco, en el que Cerati hace su más grande ejercicio de honestidad.

    Deja al descubierto sus influencias. Evidente es la nutrición que recibió de Traveling Wilburys, el supergrupo que armaron alguna vez George Harrison, Jeff Lynne, Roy Orbison, Bob Dylan y Tom Petty. Y porque quizás ha bebido de un buen ejemplo, que es Luis Alberto Spinetta, Cerati dio también en el clavo de hacer rock argentino.

    Solo Cerati puede explicar su Fuerza natural . A cuatro días de haberlo lanzado –salió el 1.° de setiembre, él le concedió una entrevista a Viva .

    La pregunta sobra, pero la haré: ¿Contento por Fuerza natural ?

    Muy contento, pero también orgulloso porque es el resultado del deseo de hacer un disco. En general, no tengo una presión, más que la interna, para hacer un disco y me da la impresión que el disco anterior ( ¡Ahí vamos! ) era más una necesidad de sacudir un poco la modorra compositiva y energética.

    ¿Y este, el Fuerza natural ?

    Es un disco de puro deseo y de mayor libertad con la intención de ampliar un poco los límites con respecto a lo que yo puedo hacer.

    Escucho el Fuerza natural y pienso que hay referencias a discos como Amor amarillo , al Bocanada , al ¡Ahí vamos! pero que están mejor desarrollados...

    (Se ríe) ¡Gracias! Pienso que ( Fuerza natural ) puede ser un poco desconcertante para algunas personas después del disco anterior ( ¡Ahí vamos! ). Y es cierto, tiene un poco de todos los discos y es como si hubiera tocado a profundidad lo que está esbozado en otras cosas.

    ¿Cómo emprendió esta especie de crónica de viaje que es Fuerza natural ? Porque es eso, es como estar en el desierto y, de repente, saltar al espacio sideral.

    Sí, así es. Creo que estaba tan saturado de realitys y de la crudeza cotidiana que me planteé la idea de, más que hacer un disco, hacer una especie de vehículo, de nave, que significara un trayecto no solo para mí componiéndolo, sino también para el que lo escucha. Que lo llevara a un espacio de fantasía o que le presentase una especie de película que lo aleje de lo duro de la realidad. Desde el ¡Ahí vamos! tuve la visión de hacerlo de esa manera y traté de no salirme de ese guion.

    El tema que cierra el disco (#) donde cuenta: cuatro minutos, cinco estrellas, siete rayos, ocho horizontes, nueve, diez... ¿Fue el final del viaje o el principio del viaje?

    Es que no hay un final del viaje.

    Lo suponía.

    ¡Claro! ¿Qué más me gustaría que un disco de solo un repeat ? Pero hay algo en este tema que es: no importa tanto el destino sino el camino, el recorrido. ¿Realmente adónde voy? Eso no está claro.

    “ Hay cierta psicodelia infantil, o lo infantil que se transforma en psicodelia. En lo relacionado con la numerología, con los números mágicos, me puse a contar y sin haberlo imaginado antes, llego hasta el 13 y vuelvo a comenzar en 13.

    “Es como una especie de maldición maya (se ríe). Así que se puede ver como el fin, pero la verdad, no era mi intención.

    Esa canción es como un viaje astral. No se sabe si se está dormido o despierto; si es un segundo o 100 años, no hay tiempo ni espacio.

    Sí, puede ser. A veces, la noción del tiempo y el espacio es necesario trastocarla para darnos cuenta de que también es muy absurdo ser tan lineal.

    La solución de un problema no es siempre la que imaginamos; a veces, la solución es absurda, es hablar de otra cosa; a veces, es ser infantil; a veces es recurrir a la primera imagen que nos viene a la mente.

    Eso se ve en el disco.

    Hay un poco de eso en la manera en que traté de encarar las letras, porque estaba un poco aprisionado en, tengo que reconocerlo, una relación de pareja. Y en este disco quise que fuera todo un poco más amplio que eso.

    Lo que estaba era aburrido, por eso hizo Amor sin rodeos .

    (Se ríe).

    Al escucharla me pregunté: ¿este jinete de la canción será el mismo jinete apocalíptico de la tapa del disco?

    (Se ríe) En realidad no quería disfrazarlo como El Zorro ¡imagínate! hubiera sido demasiado evidente (bromea).

    Con Amor sin rodeos y su cercanía al country y al folk imaginé que pasaban las bolas de pasto seco como en los spaguetti westerns ...

    ¡Ah, qué linda imagen! Es la que tuve yo.

    El uso en la canción de refranes como “pueblo chico, infierno grande” lo hacen lúdico ¿Es que hay que armarse, a veces, de buen humor?

    Sí. Fundamentalmente, lo que hice fue jugar mucho. La grabación fue como estar en una especie de juguetería. Muchas guitarras, muchos amplificadores diferentes; hice mucho contrapunto con otro guitarrista, que se llama Gonzalo Córdoba. Y desde el punto de vista de imágenes, de letras, escribí un montón, y todas pasaban por lugares impares. Así que sí, hay mucho de juego, más subrayado que otras veces, que en otros discos.

    ¡Qué pereza! Pasa años haciendo un disco y luego pasa otro montón explicándoselo a la prensa.

    (Se ríe). Sí, pero me has dado una imagen lindísima de la canción. Y lo que puedo decir en ese sentido es que sí, el disco es como un fardo de pasto. ¿Viste The Twilight Zone ? Hay un episodio que yo veía de chico que eran esos fardos de pasto, pero, en lugar de ser de pasto, eran seres de otro planeta (se ríe).

    “Eso me trajo tu imagen y de eso tiene algo el disco: viaja por el cosmos, chicos del espacio en el jardín ( Fuerza natural ); hay relación con discos que salían en los años 60 y comienzos de los años 70 con esas tapas e ideas del cosmos. Me divierte todo eso.

    Hay cosas hippies como Convoy . ¿Ha leído Crónicas marcianas (relatos de Rad Bradbury)?

    Sí, claro.

    Pues Convoy hace pensar en el Señor y la Señora K en su casa de paredes de cristal. Parte de lo terrenal, como el desierto, hacia algo infinito, como el espacio sideral. Es como si no creyera en los límites.

    Es cierto. Es como una especie de cuento infantil. Tanto # como Convoy tienen eso de juego de niños.

    Y dentro de este cuento-crónica de viaje, ¿en qué página calzaría una canción como Déjà vu ?

    Creo que hay muchos Déjà vu en el disco. Hay una que lleva su nombre y, como tal, es una canción autoreferencial. Lo que hice fue escribir sobre la misma canción, la canción se escribió sola y yo la escribía con ella. No hubo, como en otras, una intención de pintar un paisaje en particular, sino de que la canción en sí misma es su propio paisaje. Es cotidiano, porque a todos nos pasa un Déjà vu ; pero, a la vez, es misterioso.

    Sinceramente: ¿ha visto un cactus y le ha puesto la mano?

    Sí.

    Cactus muestra a un Cerati suelto para escribir, arma una historia a partir de algo que, a primera vista, es adverso pero que, si le aborda diferente, sale algo dulce.

    Sí, así es. Es como un veneno que te cura.

    Como el antídoto para las mordeduras de serpientes...

    Algo así. Hay algo que se conecta con lo místico de la naturaleza, algo que nosotros como seres humanos no podemos darnos cuenta. Es una relación con la naturaleza, con todo el respeto y mucho más que nunca porque ahora la tengo más clara, quizás porque las canciones las escribí en el campo.

    ¿Un poco a lo Bob Dylan?

    Sí, pero en el disco creo que está mucho Traveling Wilburys, pero por separado. Hay algo de (George) Harrison flotando; por supuesto de Tom Petty, que me encanta, y, si bien es cierto yo nunca he sido muy “Dylaniero”, hay un momento donde lo cito: “la respuesta está en el viento” ( Tracción a sangre ).

    Lo que pasa es que Dylan es un poco más oscuro.

    Mucho más incisivo también. Ahora, no era mi intención ni siquiera compararme con Dylan lo que pasa es que esto tiene que ver con un descubrir cosas. En cada disco pasa un tiempo, dos o tres años, y la música que voy escuchando en ese momento empieza a influirme para entusiasmarme en alguna dirección.

    ¿Tiene un especial afecto por los discos de vinilo?

    Sí, pero en especial tengo un especial afecto por en contra de la industria –lo digo en broma–. La verdad es esta: la tendencia es el nivel de la reproducción de sonido ha disminuido tremendamente, la mayoría de la gente está consumiendo MP3 que recorta un montón de cosas que son parte de la obra y del sonido. Entonces, hacer una referencia a algo que parece retro es porque yo intento decir: escuchemos mejor, con mejor calidad; es un poco una involución poner la practicidad sobre la calidad.

    Usted se ha confesado “bueno para las imágenes y las pinceladas de emoción” ¿Cuán buen ejemplo ha sido el trabajo de Luis Alberto Spinetta para usted como letrista?

    Él tiene una impronta de composición y de escritura que fue muy importante. Cuando era un adolescente consumía muchísimas cosas que venían de Inglaterra y de Estados Unidos y ponía mi mirada en esos grandes grupos que me gustaban, y en Argentina tenía al lado de mi casa a un músico brillante.

    “(Spinetta) fue darme cuenta de que no todo era una imitación, que era posible darle una visión particular, local e inspirada. Spinetta significa eso para mí. Tengo una admiración de por vida por él”.

    Fuente:Ana María Parra A. para Nacion.com/viva

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