martes, 5 de febrero de 2008

Zeta Bosio “De acá en más, con Soda puede pasar cualquier cosa que soñemos”


Me verás volver Además del nombre del tour que culminaron en diciembre, es la sensación que deja el bonaerense. “Nunca digas nunca”, advierte.

Un mes después del último show y por primera vez desde el regreso de la eterna banda argentina, habla uno de sus integrantes. Tras mostrar sus cualidades de DJ en Personal Beach, el bajista de 50 años cuenta por qué luego de la separación de 1997 en su casa no se escuchaba al grupo, definió como “mágico” el reencuentro con Gustavo Cerati y Charly Alberti y abrió una esperanza de cara al futuro...

Observá bien. Me encuentro en mi estado ideal”, lanza Héctor Pedro Juan Bosio Bertolotti (“Lindo nombre para un plato de algún restaurante de Las Cañitas. Mejor que no escuche el Zorrito von Quintiero, que me lo roba”, se ríe de sí el caballero nacido el primero de octubre de 1959 en San Fernando, provincia de Buenos Aires), y a continuación detalla por qué nos encontramos frente a su estado ideal.

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“Imagináte –explica–, rodeado de mis hijos (Simón, Juan y Jaime), mis padres italianos (Silvina Anunciación y Augusto César), mi hermana (María Rosa), mi cuñado (Diego), mis sobrinos (Samuele y Davide), mi socio y manager (Marcelo Carballar), en patas, en traje de baño y en medio del bosque”, precisa desde un vendaval de palabras relajadas, apoyando los pies sobre la mesa ratona. A ver si logramos trasmitirle claridad al lector, en medio de tanta paz... La minuciosa descripción obedece a un magno motivo: Zeta se apresta a dar su primer reportaje –y a la vez, el primero de un integrante de la banda– a partir del regreso de Soda Stereo. Así de contundente, así de simple y así de interesante.


–Después de tanta locura, lo notamos sereno en demasía. ¿Coincide?
–Cierto. Y reencontrándome con mis afectos íntimos, en especial con los chicos. Entre el 19 de octubre, cuando arrancó la gira de 22 conciertos por la Argentina, Perú, Venezuela, Panamá, Colombia, los Estados Unidos, México, Ecuador y Chile; y el 21 de diciembre, cuando la despedimos en cancha de River ante 70 mil almas, no los disfrutaba. En serio, necesitaba tenerlos cerca.

–¿Cómo transitaron ellos semejante acontecimiento mediático y artístico?
–Bárbaro, descubriendo situaciones inéditas. Calculá que la separación del ’97, que mezclaba enojo por la presión, por la confusión, por el agotamiento, por el dolor del final, significó que en casa no se pusiera ni un disco de Soda por varios años. Hasta que en 2002 MTV Latinoamérica nos entregó el Premio Leyenda, y Charly, Gustavo y yo viajamos a recibirlo en Miami, tras un largo tiempo sin siquiera hablarnos. “¡No sabía que papá era tan grosso!”, me contó Silvia (Mansilla, su ex esposa) que gritó sorprendido mi hijo mayor apenas me descubrió en la pantalla. A partir de ahí hubo un reencuentro, una especie de reconciliación familiar con Soda Stereo.

–¿Entonces?
–Soda volvió a sonar en el coche. Los chicos disfrutaron el retorno, porque además disfrutan en general de la música. Simón Pedro (17) toca la guitarra en su grupo, Armant. Un as, lo escuchás y se te queda colgada la mandíbula. Viene girando, a la gorra, por las playas de Pinamar. Juan Bautista (12), eligió el bajo, igual que yo, y la batería. ¡Le pone una garra...! Jaime (9), alias Jaimito, o Mowgli, el atorrante de El libro de la selva, también luce la actitud de cualquier músico... Es un bandido. Bueno, y Tobías (ahora tendría 16; murió en un accidente automovilístico en 1994), que nos acompaña cada día y en cada gira aunque no lo veamos.

–Entre la disolución de Soda Stereo y el reciente y exitoso tour usted ha incursionado en Proyecto Under (un sitio de la web), fundó Alerta! Discos (su sello), condujo Rock Road (en cable), anima Keep Rockin (por FM Rock & Pop y por Much Music) y despunta su pasión de DJ (ejemplo, ayer en Personal Beach, de José Ignacio). ¿Todas esas actividades se comparan con tocar?

–Mirá, respecto a la difusión, me encanta que en el espacio de Under, una comunidad de música, ya hayan circulado 500 bandas ofreciendo distintos géneros y contenidos y vía Alerta!, haber editado medio centenar de trabajos de diversas características. Mientras, me gusta la idea de acercarle opciones al público a través de la tele y la radio. Por último, me parece que entre tocar un instrumento o música electrónica, no hay mayor diferencia que entre elegir una moto de agua o un jet ski.


–¿“Tocar”? ¿Puede llamarse “tocar” a ambas acciones, o corremos el riesgo de que al legendario Pappo Napolitano, crítico empedernido de la modalidad electrónica, le ataque un escalofrío dentro de su tumba?

–Para mí, la adrenalina resulta parecida ante la bandeja y ante el espectador. ¿Qué grupos de los 80 a la fecha no aggiornaron temas para las pistas? Sin ir demasiado lejos, nos sucedió con Algo personal. Aparte, actualmente en las pistas aparecen las alternativas de aquellos que no consiguen cabida en los grandes escenarios. Considero a ambas formas interesantes de comunicarse. Nosotros trabajamos de entretenedores. No nos equivoquemos. Tenemos que valorar el poder evadir de sus problemas a quienes nos escuchan. No abunda la gente que se gane el sueldo divirtiendo al prójimo.

–Disculpe, ¿y Soda planea seguir divirtiendo al prójimo?

–Ja ja. De lo que estoy seguro es de que no me va a alcanzar la existencia para repetir lo de Soda Stereo con personas que no sean Gustavo y Charly... Aquel reflexionado alejamiento, en 1997, nos permitió transformar un supuesto revival en un reencuentro mágico, en un romance que, amén de ciertos beneficios económicos que nos dejó (bastante menos de lo que se cree), extendió la capacidad de Soda. Saneamos la duda: los tres tipos nos hallamos de nuevo ahí arriba. El reencuentro nos cambió, lo experimentamos en la piel. Afianzó nuestras relaciones, no somos los mismos. De acá en más puede pasar cualquier cosa que soñemos. Sin embargo, no sé. Ya proyectamos los próximos meses de manera individual. Incluso aún intentamos que desciendan los decibeles del tour, cerrando de a poco la estructura, el armado de 2007, y pensando en bajar la cortina de la oficina que abrimos para la ocasión.

–¿Todavía no la bajaron?
Todavía no.


Algo personal
“Mi calva data de inicios de los 90. Había perdido la batalla contra el pelo y me rapé. Quizá reencarne en orangután”, bromea Zeta, rodeado de sus hijos, Juan, Jaime y Simón. “Tocar es un verbo que uso al mezclar música electrónica, igual que al prenderme del bajo”, asegura vestido de DJ.

Fuente:Revista Gente por Leonardo Ibáñez|Fotos: Diego Soldini

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