martes, 1 de junio de 2010

“Gustavo se siente de 15 años pero ya no los tiene, va a tener que cambiar”

Dora Cerati, tía y madrina del músico, habla del ex Soda íntimo y familiero. Reconoce que su problema era no poder dejar el cigarrillo.


Gustavo adolescente, rodeado por su hermanas, Estela y Laura (de negro).

“Qué inesperada que es la vida, ¿no?”, dice con la mirada perdida en un punto fijo. Sus ojos claros y algunas facciones denotan enseguida el parecido que tiene a su sobrino. “Algunos dicen que soy más parecida que la madre”, dice a PERFIL entre risas Dora Cerati, tía y madrina de Gustavo.

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    Desde que el músico sufrió, hace una semana, un accidente cerebrovascular (ACV), Dora fue la encargada de ponerse al hombro a toda la familia, inclusive a Lillian Clarke, la madre de Gustavo, quien antes de viajar el viernes pasado a Caracas vivió muy angustiada.

    “Gustavito es todo para mí.” Suena sentida la afirmación de esta madrina orgullosa que durante la infancia de su ahijado supo ser quien preparaba exquisitas tortas de chocolate para sus cumpleaños. Fue a él a quien más tarde apoyó en su decisión de abandonar la carrera universitaria de Comunicación Social para encarar la de músico. “Soy su fan. Iba a verlos infinidades de veces cuando daban sus primeros pasos. Eramos tan pocos en esas épocas”, dice con una sonrisa.

    ¿Cómo era de chico él?

    —Era más lindo que ahora todavía (risas). Siempre estaba con su guitarra de acá para allá. La primera se la había regalado su padre. Pero antes tenía un batatario, creo que se llamaba así. Era una lata de batata con un clavijero viejo. Mi hermano quería que fuera doctor en Ciencias Económicas, después se fue acostumbrando. Y después fue quien les manejó Soda (Stereo) durante los primeros años.

    ¿Tocaba para la familia?


    —¡Por supuesto! Lo hacía en Navidad. Y había que presentarlo: “Ahora con ustedes, el único, el mejor, el inigualable... Johnny Tedesco (risas)”. Porque él era su admirador y, de chiquito, era parecido.

    ¿Ud. siempre lo apoyó?


    —¡Síí! Cuando hicieron el segundo disco pagamos juntos la cámara de eco que le daba un sonido especial a su guitarra.

    Estoy entonces frente a quien definió el sonido de una de las bandas más importantes del rock nacional...

    —¡Nooo! Yo lo acompañaba a todos los conciertos. Siempre creí en él y le decía: “Vos estás tocado por la varita mágica porque hacés lo que te gusta. ¡Que esto te dé éxito, fama y encima plata, te tocó tres veces la varita!”.

    ¿Y cómo es él ahora?


    —Es un tipo muy sencillo. De chico siempre andaba todo zaparrastroso, recién ahora se viste mejor. Siempre fue así, desgarbado. Tiene el ego un poco resaltado pero quién no lo tendría siendo él. Es una persona generosa a la que le ha ido bien en la vida y en su carrera. Tal vez no tanto con su vida sentimental.

    ¿Qué opina de su nueva novia, Chloe Bello?


    —(Se queda callada) Y qué te voy a decir, no sé. Gustavo ha mantenido una conducta de su vida bastante atinada. Entiendo que cuando fue joven, y por ser rockero, se haya descontrolado un poco. Pero qué necesidad de andar con estas chicas tan jóvenes que no saben bien, tal vez, qué rumbo tomar. Sabés qué pasa, las mujeres se le tiran encima todo el tiempo, y él es un mujeriego. Lo importante es que siempre tuvo mucha contención familiar. De grande se hizo un hombre muy inteligente y pensante. Hay que contener un personaje así, no es fácil.

    ¿Alguna vez Gustavo hizo terapia?


    —Siempre lo hemos hinchado, pero no ha querido. Una vez lo llevé con una terapeuta amiga; fue un par de veces y dejó. Siempre tuvo una personalidad fuerte. Cuando fue la separación de Soda y organizaron aquel último concierto, le dije a Zeta y a Charly: “Traten de no hablar pavadas en los diarios porque miren que a Gustavo no le importa la plata ni nada. Ustedes llegan a decir algo y este concierto Gustavo no lo hace”.

    ¿Y cómo ha sido para Ud. y la familia congeniar con la vida de un rockero?


    —Gustavo es muy familiero, ha tenido algunas locuritas en su juventud, pero después realmente vivió una vida súper sana. Es un chico que todos los domingos, cuando no está de gira, come con su madre y ve a sus hijos. Siempre.

    Ahora se habla mucho de su adicción al cigarrillo.


    —Sí, es un tema terrible para él; el alcohol también. Su padre murió de cáncer de pulmón, así que imaginate cómo le hacemos la guerra al cigarrillo. Lamentablemente, cuando Gustavo tuvo la trombosis, él paró de fumar un año. Pero el médico le dijo: “La trombosis no es la causal de eso”. ¡Cómo le va a decir eso! Luego, volvió a fumar y no paró más.

    ¿Cómo termina esto?

    —!Va a salir! Como dice la canción, Gustavo tuvo siempre una “fuerza natural”. Pero creo que va a tener que parar.

    Varias veces se dijo que él tenía el síndrome de Peter Pan, es decir creerse joven siempre, eterno.

    —Sí (ríe), lo tiene, es inherente a él, ése es su espíritu. Puede sentirse de 15 pero ya no los tiene. Ahora, habrá un antes y un después en la vida de Gustavo.


    Fuente:Agustin Gallardo para Diario Perfil

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