viernes, 4 de septiembre de 2009

Con lo que será el disco del año, el ex Soda Stereo alcanza un vuelo demasiado alto para la media del rock argentino



Después de este disco, puedo morirme tranquilo”, nos decía Gustavo Cerati con tono épico hace algunas semanas, cuando su nuevo trabajo dibujaba el signo de interrogación más intenso que el rock vernáculo recuerde.

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    Dicha declaración, sintoniza con una de las líneas que abre el flamante álbum: “Nunca me sentí tan bien”. Justamente, es en la lírica donde Fuerza Natural se conecta con su antecesor, Ahí Vamos (2006), un álbum de pulsión elevada que dejó el ambiente bien caliente para el regreso de Soda Stereo.

    Así, en lo que es su primer lanzamiento discográfico después del furor que estimuló la gira Me Verás Volver, Gustavo suelta el freno de mano y consigue una colección de canciones que miran el futuro con la complacencia de un pasado cargado de amores, galardones, gloria. “Siento que pasan los días, y sigo adelante tracción a sangre tras una melodía” (“Tracción a sangre”) canta sentado al lado del mismo fogón donde hace 14 años entonaba “Crema de estrellas”.

    En ese clima de íntima belleza se mece Fuerza Natural. El Cerati de hoy no necesita amenazar con sentencias como “Aún tenemos cuentas que saldar” (“No existes”) ni convertirse en un héroe que grita “Te rescataré” (“Lo que sangra”). Porque, en definitiva, sabe muy bien que “esta canción ya se escribió hasta el último detalle” (“Deja vu”). Otra vez: la palabra de un hombre maduro que aprendió la lección y la traslada al papel.

    Visto de esta manera, Cerati se lamió las heridas y gestó uno de los mejores discos de la última década. Un compendio perfecto entre maestría técnica, buen gusto musical y esa materia prima que jamás debería faltar: buenas melodías. Como un aplicado discípulo de Jeff Lynne, mueve las fichas con pluralidad y exquisitez extrema. Entonces, “Magia”, es el cerebro de la Electric Light Orchestra sacando conejos de la galera con detalles de producción logradísimos: vocoder, moog y el toque de la batería Simmons tocada por Lucas Martí, se funden en una joya de diseño musical.

    En el otro rincón, “Cactus” juega a la canción narcótica como si pusiera en escena una versión telúrica de Fleet Foxes y “Convoy” invita a la misma galaxia de colores brillantes que “Vuelta por el universo”, aquella alhaja que cinceló codo a codo con Daniel Melero. Hacia el final, el músico deja el tiempo en suspensión mirando el altar beatle desde el prisma de “He visto a Lucy”. Así, cabalgando sobre su Fuerza Natural, Gustavo Cerati se calza la capa de justiciero, toma altura y pone en ridículo a un rock argentino que vuela cada vez más bajo.



    Fuente: Gustavo Bove para 10musica

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