domingo, 21 de diciembre de 2008

A un año del último show !




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    Foto:Damian Benetucci


    Set list del 21-12|Estadio River Plate

    1. Intro: Algún día
    2. Juego de Seducción
    3. Sino fuera por...
    4. Imágenes Retro
    5. Texturas
    6. Hombre al agua
    7. La ciudad de la furia
    8. Picnic en el 4to B | Con Andrea Alvarez)
    9. Lo que sangra (La Cúpula) | Con Andrea Alvarez y Carlos Alomar)
    10. Zoom
    11. Cuando pase el temblor
    12. Final caja negra
    13. Corazón delator
    14. Signos |Gillespi
    15. Sobredosis de T.V.
    16. Danza Rota |Con Fabian 'Zorrito' Vön Quintiero)
    17. Persiana Americana |Con Fabian 'Zorrito' Vön Quintiero)
    18. Fue |Con Gillespi
    19. En remolinos
    20. Primavera 0 |Con Richard Coleman)
    21. No existes |Con Richard Coleman)
    22. Sueles dejarme solo
    23. (En) El séptimo día
    24. Un millón de años luz
    25. De música ligera
    26. Disco eterno
    27. Cae el sol
    28. Prófugos |Con Fabian 'Zorrito' Vön Quintiero)
    29. Terapia de amor intensiva |Con Carlos Alomar)
    30. Nada personal
    31. Te hacen falta vitaminas

    video
    Soda se despedía con "Te hacen falta vitaminas"

    video
    Agradecimientos y partes del ensayo del último show

    River a pleno Soda se despidió con gloria

    El estadio de River Plate anoche volvió a colmarse de fanáticos de Soda Stereo en lo que fue el último show de la gira Me verás volver, que llevó a la banda conformada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charlie Alberti por nueve países de América y que sobrepasó el millón de espectadores.


    Emocion. El (¿último?) recital de la banda fue casi una ceremonia para sus fans. Tocaron todos los hits.

    Con esta sexta fecha en el Estadio Monumental, el trío superó el récord alcanzado por los Rolling Stones: sólo en Buenos Aires fueron vistos por 400 mil personas.

    Los diez años de separación hicieron del regreso de Soda Stereo todo un fenómeno. En dos meses –la gira comenzó el viernes 19 de octubre en River–, la banda formada en 1982 sumó 22 recitales, se presentó en Chile –donde también batió récord de venta con 130 mil espectadores en dos fechas–, México, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia, Estados Unidos (con shows en Miami y Los Angeles) y Panamá. El trío también hizo historia en el Château Carreras de Córdoba, donde el sábado pasado convocaron a 48 mil personas, dejando atrás la marca de Los Redonditos de Ricota con 41 mil. Tan impactantes son las cifras que hasta Cristina Fernández de Kirchner recibió el jueves al trío para hablar de sus experiencias en la gira. La reunión, que se realizó en el despacho presidencial, duró cuarenta minutos y fue presenciada también por Afo Verde, titular de Sony-BMG, y por el vocero presidencial Miguel Núñez.

    “Tenemos en el haber mucho más que en el debe –le dijo Cerati a Perfil–. Estoy muy agradecido porque la gente nos expresa mucho cariño. La verdad es que estoy hinchado de emociones positivas. Nuestros recitales han sido muy concurridos, hubo varios récords y eso no deja de sorprendernos.

    Como dice Ludovica, es el año del Chancho y nos tiramos al chiquero con todo.

    —Lo que todos se preguntan: ¿Es definitiva esta despedida?


    —No, eso sería una especulación rara de mi parte porque ni siquiera sé qué voy a hacer mañana. La pasamos muy bien en esta gira, lo cual superó todas mis expectativas. Nuestras relaciones humanas y musicales están muy bien y eso se notó en los shows. Recompusimos las relaciones y eso permite que en el futuro, si tenemos ganas de hacer algo, lo vamos a hacer. Diferente fue cuando nos separamos que quedamos en una especie de divorcio en el que decidimos no hablar más o hacerlo a través de terceros. Igual, lo que planeamos para el año que viene es que cada uno se dedique a sus cosas. Después veremos. De todas formas, éste fue un digno final.

    —Es decir que la química entre ustedes es buena...


    —Buenísima.

    —¿Puede ser que la edad haya cambiado sus actitudes?


    —Ahora estamos más comunicativos. Nada puede volver a ser lo de antes porque eso es imposible en todos los aspectos de la vida. Pero estamos mucho mejor que cuando nos separamos. Tiene que ver con un crecimiento personal. Es posible que el tiempo haya borrado las ganas de jodernos entre nosotros.




    Nota publicada en Página 12


    La noche que cayó el telón sobre la historia de Soda

    La despedida del grupo, el viernes en el estadio de River, sumó una nueva batería de matices, que diferenciaron al “show del record” de los cinco anteriores. Sonaron otras canciones y una adecuada galería de invitados puso el moño a una velada con el sabor de lo histórico.


    Y terminó no más. La gran vorágine que despertó el promocionadísimo regreso de Soda Stereo tuvo su gran noche final el viernes en la cancha de River. Con un show de más de tres horas que recorrió cada una de las distintas etapas de la banda. Y que contó como invitados a casi todos los músicos que alguna vez contribuyeron de manera importante a su historia (incluida la aparición del productor de Doble Vida, Carlos Alomar, recién llegado en vuelo directo de Miami). Otra vez, como en otros puntos de la gira (que incluyó shows con localidades agotadas en Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, México y hasta Estados Unidos, cada vez más receptivo al rock pop manufacturado en español), la lista de temas fue impecable. Y, para alegría de los acérrimos, incluyó varias perlitas de los ’80, que hasta no hace mucho tiempo (la despedida del ’97 y toda la era post Dynamo), eran desestimadas por el propio Gustavo Cerati a la hora de pensar e imaginar la identidad de la banda.

    Temas como “Si no fuera por”, “Imágenes retro” e incluso “Te hacen falta vitaminas” sonaron con reveladora frescura en la noche templada de Buenos Aires, y volvieron a poner en perspectiva la importancia de Soda Stereo: la de un grupo que no sólo se caracterizó por vampirizar a fuerza de talento e indudable personalidad las tendencias musicales de su momento, sino que además, y sobre todo en sus inicios, aportó algunos de los temas más disfrutables y divertidos de su época (“Sobredosis de TV”, “Persiana americana”, “Te hacen falta vitaminas”, todos presentes en el Monumental en sus versiones originales). Un don que desde el excelente Dynamo (1992) en adelante, la banda pareció perder progresivamente. Y que, a no dudarlo, alentó su aburguesada despedida en el ’97; cuando tras los reglamentarios bises, un grupo de fanáticos se quedó coreando “Nada personal” (el hit que faltaba) y sólo obtuvo como respuesta la música en off del estadio.

    Nada más opuesto a lo que ocurrió anteayer. Con un Gustavo Cerati exultante, locuaz, mucho más relajado en su condición de miembro líder de Soda. Y con Zeta Bosio y Charly Alberti disfrutando cada uno su papel: el de perfectos portadores del mensaje estético de la banda. La buena química entre los tres fue palpable en las constantes miradas entre sí. Y en los distintos pasajes donde improvisaron sobre la marcha y, aun ante el desliz, siguieron adelante con una sonrisa. Evidentemente, algo interno, del orden de la amistad y la vida pasada juntos, se había reestablecido entre ellos. Y la prueba la dio el propio Cerati cuando cerca del final se despidió de su público con una postal que da la pauta de lo imprevisible que sigue siendo la música –después de todo, un arte antes que nada humano– más allá de sponsors, campañas publicitarias y nada inocentes apelaciones a la nostalgia.

    Se terminaba la segunda tanda de bises (sólo restaba “Te hacen falta vitaminas” y ahí sí, el irremediable final-final) cuando el cantante –visiblemente emocionado– hizo una pausa y, tras presentar a los músicos que los acompañaron durante todo el show (Leo García, Leandro Fresco, el gran Tweety González), confesó: “Se habló de la plata, se habló de muchas cosas. Pero esta vuelta se trató sobre todo de música. Y el éxito fue recomponer nuestra relación interna con Charly y con Zeta”. Silencio total. Y en ese instante todo lo bueno, lo malo, lo importante, lo accesorio que rodeó el regreso del trío de rock pop más famoso de Latinoamérica pareció cobrar sentido. Si a nivel musical este retorno significó para su público de siempre reencontrarse con esa maravillosa banda que los había emocionado de jóvenes, a nivel personal significó para los propios músicos quedar en paz con su pasado. No sólo musical (la recuperación del legado de los ’80) sino humano.

    La noche había empezado de manera no muy diferente a los anteriores cinco shows en River: con los videos de Capusotto y los tragicómicos gags de Pomelo, el rockero más festejado de los últimos tiempos. Puntualísimo, a las 21 horas, y ya con una temperatura bastante más baja que los sofocantes 34º grados de la tarde, arrancó el último show de esta etapa en la historia de Soda: la del “Me verás volver”, pero sobre todo la de la “Burbuja del tiempo”, consigna que rigió este regreso y que buscó recrear los temas tal cual fueron concebidos en su tiempo. O, a lo sumo, con arreglos que respetaran su estética original.

    Los primeros acordes de “Juegos de seducción” (esas emocionantes guitarras) y las citadas “Si no fuera por” e “Imágenes retro”, dieron la pauta de que ese concepto se respetaría a rajatabla. Con los invitados reforzando la estética de cada tramo y aumentando la sensación de viaje en el tiempo. Así, tras el pequeño terremoto de “Texturas” (de la era sónica de Dynamo), se sucedió la primera gran seguidilla de hits: “Hombre al agua”, “En la ciudad de la furia” y “Lo que sangra (la cúpula)”, ausente en los shows anteriores y aquí reforzada por las presencias de Carlos Alomar y Andrea Alvarez. “Ella es chiquita, pero es muy grande. Toca como los dioses y es una diosa”, presentó Cerati a la percusionista. Mientras que al gran productor de Doble Vida le dedicó: “Músico increíble que tocó con todo el mundo: Bowie, Lennon, McCartney, James Brown... Lo llamamos hace tres días y se vino”. La presentación no pecó de excesiva ya que Alomar demostró por qué es un referente de la música latina en Estados Unidos: su solo de guitarra al final de “La cúpula” dejó boquiabierto a más de uno. El mini set salsero que armó junto a Alvarez en el mismo tema le aportó un inesperado sabor latino a la noche.

    “Cuando la luna se alinee con el escenario va a pasar algo tremendo”, dijo Cerati tras el pasaje bailable de “Zoom” y “Cuando pase el temblor”. Y lo tremendo fue una versión para el infarto de “Final caja negra”, con la guitarra del cantante en tandem con el bajo de Zeta y la batería de Charly alargando el final. Para ese momento, todo River (alrededor de 60 mil personas) era una fiesta. Ya se hacía evidente que tanto los que asistían por primera vez a esta gira de regreso, como los reincidentes que se habían tentado con la idea, no se habían equivocado con la apuesta: la despedida confirmaba con creces lo hecho hasta ese momento. E, incluso, lo superaba: la suma de invitados nuevos, el clima de la noche en su punto justo (con la luna asomando tras la bandeja de la Almirante Brown), el relax total de los tres Soda, redoblaban el aroma a evento históico de la despedida.

    El primer remanso vino con “Signos” y el aporte jazzero de la trompeta de Gillespi, el único de los invitados sin relación directa con la historia de Soda. La ex voz de Aníbal Hugo (recordado personaje de televisivo de los ’90, de fuerte llegada al público rockero joven, como ahora el gran Pomelo), sumó también su delicadeza a “Fue”. Y, por unos instantes, todo River fue un arbolito de Navidad. Con las lucecitas de los celulares reemplazando a los ya perimidos encendedores. Momento ideal para la entrada de Fabián Von Quintiero, invitado infaltable durante los ’80 y alguna vez rival de Tweety González en la consideración popular como 4º Soda. El cheff de los rockeros sumó sus teclados a una versión súper ochentosas de “Danza rota” y “Persiana americana”.

    La furia volvió de la mano del gran Richard Coleman, viejo compañero dark de Cerati en tiempos de Fricción (grupo de culto de los ’80), y actual miembro de su banda solista. La intervención de Coleman fue un vendaval sónico y le aportó el necesario ruido blanco a “No existes” (en una versión que lo convirtió casi en un tema de Echo & The Bunnymen) y “Primavera Cero”. ¿Qué faltaba, entonces? El tramo dedicado a Canción Animal, para muchos el disco más rotundo y perfecto de Soda, el punto exacto entre entretenimiento e innovación. El tramo incluyó obviamente a “(De) Música ligera” y “Un millón de años luz” (coreada por todo el estadio), pero también “En el séptimo día” y esa oda al rock torturado y masoquista que es “Sueles dejarme solo”. Momento cumbre en el que Cerati –más con ánimo esteticista que trangresor– vuelve a hacer trizas su guitarra. “En Paraguay estuve una hora para romperla”, bromeó.

    Los bises llegaron con la vuelta de Alomar para la hermosa “Terapia de amor intensiva” (otro rescate emotivo), la cita a Sueño Stereo (por suerte, el álbum menos visitado de la noche) en “Disco eterno”, y un final a puro disfrute con “Nada personal” y “Te hacen falta vitaminas”. “Somos de Argentina y estamos re-orgullosos”, se despidió Cerati, ya algo alegre a causa de los tragos de distintos colores que había ido tomando a lo largo de la noche. Por lo menos hasta el 2117, cuando la maquinaria publicitaria y comercial seguramente vuelva a ponerse en marcha (¿“Me verás volver... otra vez”?), la sodamanía descansará por un rato. Esta vez, valió la pena



    Fuentes:Juan Manuel Strassburger para pagina12.com.ar Laura Blanco para Diario Perfil Videos: cadenn002 y Soda Stereo Youtube


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